lunes, 25 de octubre de 2010

“LA EDUCACIÓN PÚBLICA, LAICA Y GRATUITA”

Me quedo con este último término: GRATUITA. ¿Y por eso tenemos que aceptar estudiar en estas condiciones?
Condiciones que para aquellas personas que no cursan aquí son buenas. Ocurre que nosotros, los estudiantes no nos conformamos con nada, somos unos rebeldes y encima vagos. En vez de estudiar hacemos marchas, cortamos calles, y tomamos la facultad, dando un malísimo ejemplo.
Ahora, me pregunto ¿Somos nosotros los que damos el mal ejemplo defendiendo lo que debería ser nuestro, nuestros derechos? ¿O son aquellos que se quedan de brazos cruzados criticándonos sin siquiera informarse de la situación? Es muy triste que las personas “ajenas” a la situación opinen tan mal de nosotros y no se interesen por lo que está ocurriendo. Que nos juzguen. Y cataloguen: “Otra vez los de sociales” “Son unos vagos de mierda estos pibes” “Siempre hubo grupitos de estudiantes que hicieron política, han envuelto a sus compañeros” “La juventud está perdida”.
Hace más de cuatro semanas que la facultad de Sociales de la UBA está tomada. Pero esta lucha no comenzó hace cuatro semanas, sino hace más diez años. Sí, lea y relea: diez años en los que los estudiantes reclamamos un edificio único, buenas condiciones edilicias, pago de sueldos a todos los docentes, desfinanciamiento de la educación pública. Pública gracias a usted, a mi y a todos los que pagan sus impuestos. No es una simple actitud de rebeldía, estamos defendiendo nuestros derechos, pero lo único que obtenemos son críticas. No somos unos “vagos” si lo fuéramos no estaríamos asistiendo a clase y rindiendo parciales como lo estamos haciendo. A nosotros tampoco nos satisface tener que cortar una calle, tomar la Facultad. No, a todos no. Entiendo que hay gente que aprovecha esta situación para imponer sus intereses o ideología política, oportunistas. Pero no dudo de que cada uno de los que asistimos a esta facultad queremos sentarnos en una silla al venir a clase, tener un pupitre donde apoyar los cuadernos, escuchar al docente cuando habla, estar en un aula donde no haya baldes porque se llueve, no estar pendiente de qué sucedería si un día se nos incendia el edificio. Esta juventud perdida es la que el día de mañana va a educar a sus hijos, nietos o bisnietos, y lo hará con los medios que tenga, que esperamos sean mejores que los actuales.
La toma es la única manera que encontramos por el momento de reclamar lo que es nuestro. Históricamente se consiguieron logros y beneficios de este modo. Nosotros no pedimos beneficios extras, sino lo que corresponde. No queremos un “Bonus track”, queremos una FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES.

lunes, 4 de octubre de 2010

Un poquito más sobre el proceso de reescritura...

Al ver los procesos de trabajos narrativos que presentaron mis compañeros, noté que el mío no detallaba demasiado cómo había sido cada uno de los pasos que seguí y tampoco expliqué en demasía cómo me sentí al avanzar en él.
Por tal motivo en este espacio pretendo profundizar cómo fue el proceso de mi trabajo.
En primer instancia decidí el género. Como mi fuerte no es la ficción me incliné hacia la crónica.
El siguiente paso era saber sobre qué iba a escribir. Debo reconocer que no me fue fácil encontrar un tema que me interese y del que además pueda en mis tiempos libres ocuparme. Pasé semanas pensando la temática para mi trabajo, realmente me preocupaba no hallar UN tema. Incluso charlé con gente ajena al proyecto para que me ayuden, millones de temas me sugirieron. Entre ellos, un viaje en tren. Al escuchar esta sugerencia, mi mente no dudó. La descarté. El tren es algo muy común, viajo siempre en él, no hay nada atrapante allí.
Una de esas tantas veces en las que viajé, me tocó hacerlo sola. Ningunos de mis amigos que viajan conmigo todos los fines de semana de todo el año viajó aquel día. Y fue ahí cuando mi cabeza recordó aquella sugerencia: viaje en tren. No estaba segura de que sirviera, pero nada me costaba tomar unas notas de aquel viaje. Eso fue lo que hice, saqué mi anotador y sin darme cuenta las páginas del mismo se fueron llenando de palabras, frases, lugares, etc. Nunca pensé que un viaje en tren podría ocupar tanto espacio en mi cuadernillo.
Definitivamente, ese era el tema del que quería escribir. Una vez seleccionado, compilé todos los datos; Varias veces, ya que antes del trabajo final muchos bosquejos se fueron al tacho. Si bien algunas cosas del trabajo terminado me "hacen ruido" estoy conforme. Salió algo de lo que pensé que no podría salir absolutamente nada.
Para la reescritura de este trabajo intenté alejarme más aun de esa situación tan cercana para mi. Me propuse cuestionarme como lo haría alguien que lee el texto y no realizó el viaje. Eso me permitió agregar algunos detalles que permiten al lector sentirse más cerca de la situación. También agregué algunos aportes sobre la valoración del tren, que creo son importantes para comprender las condiciones de aquel viaje.
Mi propósito al escribir el trabajo narrativo fue mostrar o acercar al lector al viaje en tren, a algunas de las situaciones que allí se pueden vivir, de los "paisajes" que podemos observar en aquel medio tan común para algunos y ajeno para otros.
En cuanto al formato del trabajo, separé los párrafos porque sentí que esto hacía más clara la lectura, más ordenada.

martes, 28 de septiembre de 2010

Segundo paso. Respuesta a la carta de Ana.

Papá…Coincido con vos: “Como si tuvieras quince años” Es así como has actuado. Para mí siempre fuiste EL hombre de la casa, pero dejaste de serlo cuando huiste. Porque no puedo llamarlo de otra forma, escapaste de nuestras preguntas, opiniones, etc. dejando esta simple carta.
No puedo negar que al leerla, mi primera respuesta fue de enojo. No podía entender que pensaras que somos grandes y ya no te necesitamos. Si somos grandes creo que pudiste haberte sentado a charlar con nosotros y no irte así, como un escapista. Un hijo siempre necesita de un padre, no solo en la etapa preescolar como vos pensás.
Agradezco todas las cosas que me diste y destacas en tu carta. Pero me duele que a su vez me negaras cosas que para mí son fundamentales: honestidad (desde el principio), diálogos, posibilidad de opinar…no sobre la relación tuya con mamá, sino a sobre esta situación que me involucra a mi y a mis hermanos.
¿”Días de padres e hijos”? ¡Que cosa más absurda! Todos los días se viven cosas que merecen ser compartidas. Esto me hace pensar en que nuestro vínculo va a tener un giro de ciento ochenta grados. No va a ser igual, yo voy a llegar a casa y ya no vas a estar ahí para escucharme, aconsejarme, reír conmigo. Ahora vas a tener alguien más con quien disfrutar tu tiempo. Realmente espero que a pesar de esto nuestra relación siga siendo igual, pero por lo que expresas en tu carta lo dudo…
Así como reconozco que lo primero que hice fue enojarme, admito que te quiero igual que siempre. El vínculo de padre e hija no se rompe. Y porque te quiero deseo con toda mi alma tu felicidad, me duele, que no sea junto a nosotros. Hoy, puedo decir que acepto tu decisión, no la comparto. Pero no puedo juzgarte tampoco, los sentimientos no se dominan facilmente. Quizás a futuro considere que fue bien tomada. Eso no puedo saberlo.
Nos pedís que no olvidemos que sos nuestro padre. Somos nosotros los que pedimos que no te olvides que somos tus hijos. Ojalá seamos parte de ese camino de felicidad que elegiste seguir. Porque en ninguna de las líneas de tu carta formamos parte de tu felicidad.
Espero podamos sentarnos a charlar al respecto.

Un beso.

María Julia…Tu hija.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Carta de una madre a su hija.

¡Hola hija!
Después de pensar mucho, decidí escribirte. Me cuesta mucho hacerlo pero creo que la situación lo amerita.
Sos muy joven. Hay muchas cosas que te faltan vivir y otras tantas que no deberían haberte sucedido.
Sé que vos no elegiste llevar en tu vientre a ese niño. Debe ser muy doloroso haber pasado por lo que pasaste. No lo dudo. Y me aterra que por tu edad y la situación tomes una decisión apresurada, incorrecta.
Vos naciste, yo te di la posibilidad de que seas lo que hoy sos. Si me hubiera negado a tenerte, no hubiera sido tan feliz y vos tampoco.
Cuando vos llegaste a mi vida, yo era una adolescente. En aquellas épocas tener un hijo a los dieciocho años no estaba "bien visto", no estaba preparada para ser mamá. Yo tuve la posibilidad de elegir a tu padre. Sè que a vos te hubiera gustado elegir el padre de tu niño. La vida te presentó una situación espantosa y diferente a la mía. Y las situaciones que se nos presentan merecen ser vividas, para despuès poder decir si fueron buenas o malas. Desde lo personal, un niño que llega al mundo es siempre gratificante.
Las cosas no pasan porque sí. Es probable que hoy no lo entiendas, pero a medida que el tiempo pase, me darás la razón. Cada hecho duro nos reconforta y no prepara para lo que vendrá. Aunque no lo creas y pienses que estoy loca... que no te entiendo. Porque te entiendo y sé lo difícil que es esta situación para vos, te escribo.
No le quites a ese niño la posibilidad de ser. Él puede ser una gran alegría en tu vida como vos lo sos en la mía.
Hoy, estás shockeada por la situación, pero si tomas una decisión apresurada, puede que te arrepientas y eso no tiene vuelta atrás. Una vida perdida no tiene vuelta atrás.
La persona que abusó de ti, no usó bien su libertad, no lo imites, no hagas lo mismo. No cohíbas la libertad de ese niño. Dale la oportunidad de ser. Él tiene derecho a nacer, como lo tuviste vos.¿No te parece?
Sabes que yo voy a amar a mi nieto y si tu decisión es no criarlo, por dolor, o por lo que fuere yo lo haré gustosa. Además, son muchas las familias que no pueden tener hijos; ellos no dudaran en la adopción del tuyo. Por eso, permitile a esa criatura que tenga la posibilidad de ser querido, de vivir.
Tendrá que pasar situaciones buenas y malas - como todos - pero solo las atravesará si le das la gracia de ser.
Yo te hablo desde mi lugar de madre, no soy un médico, la Iglesia, el periodista, no. Soy mamá. Y te escribo como tal.
La decisión final está en vos. Al momento de hacerlo, recuerda que estás decidiendo sobre UNA VIDA. Te quiero y te acompaño en esto.

martes, 7 de septiembre de 2010

Carta de un hijo a su madre.

¡Hola mamá!
¡No sabés lo feliz que estoy! Ya pasaron algunas semanas, mis ojitos se están formando. También mis pies.
Pero, ¿Qué es lo que te pone tan triste? ¿Por qué lloras? ¿Es por qué papá no está? ¡No te pongas mal! Yo voy a ser feliz igual y vos también. Sé que él no te trató bien, pero no llores más, eso ya pasó, ahora me tenés a mí. Yo te voy a ayudar y acompañar en todo. Por eso, Dios me puso en tu camino. Él quiere que seamos felices juntos.
¿Mamá? ¿Qué pasa? ¿Por qué te acostás otra vez? si acabamos de despertar. ¡Cuantas luces! ¿Ya llegó la hora? ¿Tan pronto? ¿Qué es eso? Me duele mami. Esa aguja me está haciendo mal. No quiero que me haga mal ese señor. ¡Basta! Por favor, decile que no me saque así de tu vientre. Antes de llegar a este hueco cálido, un señor me dijo que viviría contigo, que seríamos felices y te llamaría madre.
¿No me quieres? Si es así, al menos déjame usar mi derecho a la vida. Déjame salir, estoy aquí porque Dios me dijo que te harías feliz, solo tienes que darme la gracia de nacer.
Hay familias que no pueden tener hijos, ellos gustosos me adoptaran y yo no tardaré en tomarles cariño. Mamá cualquier cosa será mejor que esa aguja lastimándome. Porque los dolores que me pueda causar la vida, voy a poder superarlos como lo hicieron otras persona, pero dame la posibilidad de hacerlo. Me estás privando de elección. Son mis derechos. Y sé que vos también tenés los tuyos. Vos no me esperabas y por miedo me estás haciendo daño. Date un tiempo para pensar tranquila. Las cosas no pasan porque sí.
A papá vos no lo elegiste, te trató mal, yo escuché a la abuela cuando dijo que había abusado de vos, golpeado, maltratado. Si no te gustó que te cohíban la libertad, no hagas conmigo lo mismo. Vos sos libre, usá bien tu libertad. No hagas como papá que la usó mal y te prohibió usar la tuya, por favor, dame la oportunidad de ser.

martes, 24 de agosto de 2010

Proceso del trabajo narrativo.

Al ver los procesos de trabajos narrativos que presentaron mis compañeros, noté que el mío no detallaba demasiado cómo había sido cada uno de los pasos que seguí y tampoco expliqué en demasía cómo me sentí al avanzar en él.
Por tal motivo en este espacio pretendo profundizar cómo fue el proceso de mi trabajo.
En primera instancia decidí el género. Como mi fuerte no es la ficción me incliné hacia la crónica.
El siguiente paso era saber sobre qué iba a escribir. Debo reconocer que no me fue fácil encontrar un tema que me interese y del que además pueda en mis tiempos libres ocuparme. Pasé semanas pensando la temática para mi trabajo, realmente me preocupaba no hallar UN tema. Incluso charlé con gente ajena al proyecto para que me ayuden, millones de temas me sugirieron. Entre ellos, un viaje en tren. Al escuchar esta sugerencia, mi mente no dudó. La descarté. El tren es algo muy común, viajo siempre en él, no hay nada que me atrape allí.
Una de esas tantas veces en las que viajé, me tocó hacerlo sola. Ningunos de mis amigos que viajan conmigo todos los fines de semana de todo el año viajó aquel día. Y fue ahí cuando mi cabeza recordó aquella sugerencia: viaje en tren. No estaba segura de que sirviera, pero nada me costaba tomar unas notas de aquel viaje. Eso fue lo que hice, saqué mi anotador y sin darme cuenta las páginas del mismo se fueron llenando de palabras, frases, lugares, etc. Nunca pensé que un viaje en tren podría ocupar tanto espacio en mi cuadernillo.
Definitivamente, ese era el tema del que quería escribir. Una vez seleccionado, compilé todos los datos; Varias veces, ya que antes del trabajo final muchos bosquejos se fueron al tacho. Si bien algunas cosas del trabajo terminado me "hacen ruido" estoy conforme. Salió algo de lo que pensé que no podría salir absolutamente nada.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Invierno sobre rieles...

Las agujas del reloj marcan las 8:00, el noticiero anuncia tres grados y la temperatura de mi cuerpo lo confirma, desayuno, hago unos trámites y me encuentro dispuesta a tomar el tren "Sarmiento", como no confío en el buen funcionamiento del mismo, llamo a la estación para saber si viene a horario, el mismo sería 09:20. Quien responde mi llamado me informa que hay una hora de atraso hasta el momento, me pide que en todo caso llame más tarde. Eso es lo que hago; 09:40 vuelvo a comunicarme: "el tren salió de Bragado hace un ratito, venite tipo 10:45 aproximadamente" A esa hora me encuentro en la estación, apoyada en la pared del único lateral del edificio donde da el sol, allí nos amontonamos la gran mayoría de los pasajeros para resguardarnos del viento y el frío, que por cierto se hacen sentir.
11:20 por fin el tren llega a la estación Suipacha, subimos apresurados, como si pudiéramos recuperar el tiempo perdido (por suerte hice un cambio de horario en el trabajo para entrar más tarde).
Empiezo a buscar asiento y trato de que en lo posible sea del lado izquierdo en la dirección que va el tren porque por esas ventanillas ingresa el sol, pero no lo consigo: el señor recostado en el asiento, la señora que de acompañante "sentó" todos sus bolsos, gente, gente y más gente. Resignada, decido sentarme del lado derecho del vagón, quito el polvo que cubre mi lugar y deslizo mi cuerpo allí. Pienso en las palabras de mi abuela al salir de su casa "¡Seguro tiene calefacción el tren nena!" ¡Mi vida! todavía cree en los reyes magos...
Delante de mi lugar viaja una pareja con dos niñas, una de ellas muy inquieta, la otra se nota que es la mayor y se mantiene juiciosa en su lugar. A mi izquierda, un chico con varios bolsos y un señor de contextura bastante grande, pienso que los dos no cabríamos en su lugar cómodamente.
Unos lugares más atrás, una pareja con capacidades reducidas. Él habla por celular en un tono bastante elevado de voz: "Estamos saliendo, ahí pitó el tren, ¿Escuchas? Ahí pitó de nuevo, ya estamos en la estación". Supongo que alguien los esperará en su estación de destino.
Arranca por fin la locomotora y luego de unos minutos aparecen los guardas pidiendo boletos, le pido que me venda por favor uno "Suipacha - Once"; son $15. Le pago, me da mi pasaje y sigue su camino.
Próxima estación: García. Es un pueblo pequeño, poco habitado; Me arriesgo a decir que sólo sus habitantes y los que por este camino férreo viajamos los conocemos. Intuyo que nadie bajará allí, no me equivoco.
Nos acercamos a Mercedes y tengo la esperanza de que alguna de las personas del bendito lado izquierdo descienda pero nadie se mueve de su lugar. Miro por la ventanilla para distraerme pero el paisaje no es muy entretenido, todo es campo y de vez en cuando aparece una casa. No hay nada que cautive mi atención.
Durante el viaje, circulan por el pasillo varios vendedores: "el chico de las estampitas",el señor que vende alfajores: "tres por dos, son tres alfajores dos pesos", más tarde el mismo aparece ofreciendo el "encendedor - linterna a solo $3", luego el señor no vidente con sus galletitas y chocolates; el famoso carrito de "sándwiches - bebidas". Cada uno de ellos va y vienen de la locomotora hasta el final del tren ofreciendo mercaderías muy variadas.
Nos estamos aproximando a Luján y sé que si aquí no baja nadie es muy probable que continúe en este frío asiento hasta Once, hay otras estaciones en el medio de ese trayecto pero dudo que alguien descienda.
¡Lujan!: nadie se mueve, hasta que "el chico de los bolsos" ve el cartel de la localidad, toma rápidamente sus cosas y baja. ¡Bingo! me paso a su lugar que es mucho más cálido que el mío, aquí sí me llega el calor del sol.
El señor que viajaba atrás mío se dirige en dirección a la locomotora y después de unos minutos regresa con el guarda, quien se acerca a la calefacción y con asombro expresa:"No anda, qué raro, me dijeron que en sólo un vagón no funcionaba", y moviendo la cabeza de un lado a otro se retira, sin dar solución alguna.
Algún que otro pasajero se dirige al baño a fumar, ya que dentro del vagón hay carteles que lo prohíben.
Observo las personas que viajan y pienso que si quisiera clasificar el tipo de gente que habitualmente usa este transporte no podría hacerlo; toda clase de pasajeros veo aquí.
Son las 13:22 y estamos pasando Haedo. Aquí el paisaje cambia, se nota que estamos en una zona urbana. Ahora sí veo edificios, casas, gente y la línea de tren eléctrico, el famoso TBA. Me asombro al ver cómo viaja la gente en aquel transporte, ingresan a presión. ¡Y pensaba que era yo la que estaba viajando en pésimas condiciones! Una vez pasada esta ciudad en el tren se vive un cierto revuelo, todos comienzan a tomar sus pertenencias porque saben que se aproxima el destino final.
Arribamos a la estación de once a las 13:50. Al bajar vuelvo la vista atrás y observo el tren que se ha convertido en mi transporte habitual, pero que hoy me ha permitido vivir y reflejar en papel una experiencia diferente que me hace sentir que valió la pena esperar por él en esta mañana de invierno.